"LA HISTORIA ES LA RELACIÓN VERDADERA DE LOS HECHOS"

miércoles, 20 de febrero de 2013

“Tu primer empleo: Buscar trabajo”



Foro Universitario Francisco de Vitoria organiza el

Cursillo práctico gratuito de plazas limitadas

“Tu primer empleo: Buscar trabajo”

Programa:
11:30 - 12:30 > Parte teórica, charla: “Cómo buscar trabajo: currículum, métodos de búsqueda y consejos generales sobre entrevista personal”.

13:00 - 14:00 > Parte práctica, repaso de curricula de los asistentes y simulacro de entrevista personal.

ATENCIÓN: aquellas personas que deseen inscribirse deberán enviar un email a forouniversitariofv@gmail.com con el asunto “Inscripción cursillo empleo”, añadiendo su nombre y la dirección de correo electrónico en la que quieren recibir la información sobre el curso.

Impartirá el cursillo

Paula Gambra Mariné,
Psicóloga, especializada en R.R.H.H.

 El 27 - 2 - 2013, en la Facultad de Derecho de la U.C.M.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Resultado del sorteo de la cesta

NÚMERO DE LA PAPELETA GANADORA DE LA CESTA SORTEADA POR FORO UNIVERSITARIO FRANCISCO DE VITORIA:

182

¡¡ATENCIÓN!! El ganador debe escribir un correo reclamando la cesta a forouniversitariofv@gmail.com, poniendo su nombre, apellidos, teléfono y correo, para poder contactar con él/ella (mirar condiciones en la entrada anterior, más abajo).



Aquí podéis ver el vídeo del sorteo:



http://www.youtube.com/watch?v=lPRUvt0oREg&feature=youtu.be

¡¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR PARTICIPAR!!

lunes, 29 de octubre de 2012

SORTEO DE CESTA, CONDICIONES


FORO UNIVERSITARIO
Francisco de Vitoria
sortea
GRAN CESTA DE NAVIDAD




CONDICIONES DEL SORTEO:

- Foro Universitario Fco. de Vitoria sortea una cesta de Navidad con las siguientes características:
 1 Pz. 6-6,5 kg. aprox. Jamón reserva envasado al vacío y enfundado Mayoral
 1 Est. 250 gr. Chorizo ibérico bellota Ibéricos de la Dehesa
 1 Est. 250 gr. Salchichón ibérico bellota Ibéricos de la Dehesa
 1 Pz. 250 gr. Cuña queso de oveja curado Albéniz
 1 Bot. pet 500 ml. Aceite de oliva virgen extra Capricho Andaluz
 1 Lata 111 g.n. Bonito del norte en aceite de oliva Baymar Gourmet
 1 Frasco 205 g.n.e. Espárragos blancos extra 8/12 pz. Carretillas
 2 Bot. 75 cl. Cava extrísimo brut nature Bach
 1 Bot. 70 cl. Ron gran reserva Santa Teresa
 1 Bot. 75 cl. Vino tinto Rioja crianza Montelciego
 1 Bot. 75 cl. Vino blanco Rueda Nave Sur
 1 Bolsa 200 gr. Nueces gran selección Sekitos
 1 Tabl. 200 gr. Turrón Alicante suprema, línea roja La Fama
 1 Tabl. 200 gr. Turrón Jijona suprema, línea roja La Fama
 1 Tabl. 200 gr. Turrón chocolate crujiente suprema La Fama
 1 Est. 100 gr. Figuritas de mazapán suprema Horno de Toledo
 1 Est. 6 uds. Pétalos de flor de pascua de chocolate a la fresa Dulcestepa
 1 Est. 100 gr. Neula tradicional Virginias
 1 caja de cartón decorada con motivos navideños

- El sorteo se realizará el día 14/12/2012 en el local de la asociación organizadora Foro Universitario Fco. de Vitoria, que es el local 9 del pasillo de asociaciones (2ª planta), en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.
- El sorteo se realizará públicamente, podrá ir a verlo quien lo desee. Además se grabará en video.
- Se sortea la cesta entre 200 números posibles (del 000 al 199).
- El modo de sorteo será similar al del “bingo”: mediante un sistema mecánico saldrá una bola al azar entre 10 bolas (con los números del 0 al 9), cuyo valor corresponderá a la cifra de las unidades del número de la papeleta ganadora. Para la cifra de las decenas del número de la papeleta ganadora se seguirá el mismo sistema que para la cifra de las unidades. Para la cifra de las centenas del número de la papeleta ganadora se seguirá el mismo sistema que para las otras cifras con la particularidad de que sólo habrá dos bolas (el 0 y el 1).
- El número ganador será publicado en el tablón de anuncios del local y en la página www.forouniversitariofv.blogspot.com el mismo día del sorteo. Asimismo, será subido el video a dicha página web para quien quiera verlo y no haya podido asistir al sorteo personalmente.
- El ganador deberá escribir un e-mail al correo forouniversitariofv@gmail.com reclamando el premio, poniendo su nombre, apellidos, correo electrónico y teléfono. Estos datos serán usados única y exclusivamente para ponerse en contacto con el ganador para la entrega del premio, luego serán borrados.
- El ganador del premio tendrá el plazo de un mes (30 días naturales) para reclamar el premio, plazo que comenzará a contar desde el día del sorteo. Aún así se recomienda que el ganador reclame el premio lo antes posible para garantizar la calidad de los productos de la cesta.
- Si el ganador no reclama el premio en el plazo convenido, el premio pasará a pertenecer a la asociación organizadora.
- El ganador deberá acreditar que lo es presentando la papeleta ganadora en el momento de la entrega del premio. No se admitirá una papeleta rota, parcial o totalmente, o sin sello.
- Para cualquier duda o contacto, escribir un correo a forouniversitariofv@gmail.com

lunes, 8 de octubre de 2012

No nos iremos de rositas. Juan Manuel de Prada.

   Transcribimos aquí el artículo de Juan Manuel de Prada que fue publicado en su espacio dominical (que recomendamos que lean) en la revista XLSemanal el pasado domingo, titulado con mucho acierto


  RAPACIDAD

  "Enseñoread la tierra", es el mandato divino dirigido a los hombres al principio del Génesis. Pero el rasgo primero del señor es la magnanimidad y el cuidado amoroso de las posesiones que le han sido confiadas; y lo que los hombres hemos hecho con la creación no es propio de señores, sino de la chusma entregada al saqueo. La codicia de los hombres ha infligido heridas sin cuento a la creación; heridas que claman al cielo, demandando un castigo que tal vez ya estemos empezando a recibir, aunque desde luego no atisbemos todavía su magnitud. Entre las heridas más ensañadas y graves se cuenta la causada por la llamada especulación inmobiliaria, que a simple vista parece consecuencia de una turbia alianza entre políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos; pero tal alianza no habría sido posible, o simplemente se habría quedado en agua de borrajas, si no la hubiese sostenido la rapacidad de miles, cientos de miles, millones de personas deseosas de incrementar su patrimonio acumulando tesoros en la tierra. En el pecado llevamos la penitencia.

  Paseando el otro día con mi mujer por las afueras de Sigüenza, uno de los lugares más hermosos de esta España herida por la rapacidad de los hombres, nos adentramos en un ameno bosque de pinos donde se esponjaba el alma. Cuando ya nos disponíamos a regresar a la ciudad, vislumbramos, en lo alto de una loma, una singular construcción que, en la distancia, tomamos por un cuartel abandonado o un convento que se hubiese quedado desierto, con el virus de la secularización. Decidimos alargar nuestro paseo hasta allí; nos sorprendió, de repente, una carretera nueva, como un abrupto vómito de asfalto, que trepaba por el monte, conduciéndonos directamente hasta la construcción de marras. Seguíamos sin explicarnos la naturaleza de aquellas edificaciones imponentes; una desolación funeral envolvía el lugar, que más bien parecía un pueblo en el que se hubiese decretado la peste. En una valla descubrimos, borroneado por las lluvias, un cartel promocional de una empresa inmobiliaria: Las Casas de la Lastra era el nombre de aquella urbanización fantasmal, de ínfulas pudientes, en la que apenas media docena de casas estaban habitadas. El resto, que ni siquiera habían sido estrenadas, mostraban signos evidentes de depauperación: los abrojos crecían en los hipotéticos jardines; el enlucido de las fachadas se había descascarillado; y por doquier se descubría la pésima índole de los materiales empleados: las baldosas de patios y escaleras se abombaban y cuarteaban y dejaban crecer las malezas entre las junturas; el cemento de las paredes se había agrietado y caído a pedazos, dejando a la intemperie muros de ladrillos que ya empezaban a desmigajarse. Mi mujer y yo caminamos por la urbanización fantasmal como por un cuadro de De Chirico o como por el decorado de una pesadilla; allá donde poníamos los ojos, la muerte pregonaba su victoria. Nos asomamos a algunas de las viviendas, que habían sido rematadas de forma chapucera; y cuyas paredes estaban corroídas por la humedad, que extendía su mancha como un mapamundi caprichoso y devorador. Durante casi una hora deambulamos por aquella geografía desquiciante, azotada por el viento, hasta que una mujer que salió de una de las escasas viviendas habitadas nos contó la historia -pavorosa historia- del lugar, concebido como una urbanización de lujo -pero de un lujo postizo, como delataba la pésima índole de los materiales empleados-, cuyos constructores habían tomado las de Villadiego, afectados por una quiebra, antes de que concluyeron las obras. La mujer nos contó que habían sido proyectadas piscinas, pistas de pádel y otras atracciones pijas que nunca habían llegado a construirse; pero se esforzaba en cantar las loas del lugar, tal vez para espantar la tentación de cortarse las venas. Porque el lugar, que se había pretendido paradisiaco, era en verdad hórrido, un no-lugar devorado por la nada.

  Imaginé los chanchullos innombrables que se habrían tramado para erigir aquella urbanización fantasmal que injuriaba de modo tan estragador y presuntuoso la belleza del paisaje. Cuando mi mujer y yo volvíamos a Sigüenza, con el alma en los zancajos, por la carretera como un abrupto vómito de asfalto, atisbamos entre la espesura un ciervo que nos miraba con abrumada, absorta, irremisible pena: en aquella tristeza cerval se condensaba la tristeza de una creación esquilmada por la rapacidad de los hombres. Somos chusma, una puta chusma entregada al saqueo; y no nos vamos a ir de rositas, como hay Dios que no nos vamos a ir de rositas.


  Una vez más, De Prada pone las cosas en su sitio. Le felicitamos por ello esperando el próximo artículo que seguro nos volverá a sorprender gratamente.

martes, 13 de diciembre de 2011

Conferencia: UNA CONSTITUCIÓN AGOTADA

MIÉRCOLES 14, en el Salón de grados de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.
CONFERENCIA a las 12:30
UNA CONSTITUCIÓN AGOTADA

La española de 1978



Ponentes:

- Miguel Ayuso, catedrático de Derecho Constitucional de ICADE

- Consuelo Martinez-Sicluna, profesora titular de Filosofía del Derecho de la UCM


Estais todos invitados. A los que no sepáis mucho sobre ello os sorprenderá conocer todos los detalles de la constitución. Pero también a los que estéis mas puestos en el tema, seguro, ya que probablemente, a raiz de esta conferencia, observaréis aspectos menos conocidos de esta constitución, mentada siempre como ejemplar.


domingo, 17 de abril de 2011

Éxito del acto en defensa de la libertad de la Iglesia

   Antes de nada, queremos agradecer desde aquí, de nuevo, a la profesora Consuelo Martínez-Sicluna, al padre Martín Rubio, al periodista y escritor José Javier Esparza y al profesor José Miguel Gambra, sus intervenciones, y su disposición y paciencia con los organizadores. Sin olvidarnos de nuestra compañera Loreto, que dió voz, magnífica, a nuestro manifiesto.
   Tras la brillante e ingeniosa intervención de nuestra profesora doña Consuelo Martínez-Sicluna, le tocó el turno a don Ángel David Martín Rubio, cuya intervención reproducimos a continuación, y que se puede encontrar también en su cuaderno de bitácora:
El tema que nos ocupa esta mañana (¿Vuelve la persecución contra la Iglesia?) puede centrarse a partir del ámbito conceptual más amplio y complejo de las relaciones Iglesia-Estado. En este terreno cabe reducir las muchas cuestiones que podrían plantearse a dos referencias fundamentales:
  • Si el Estado o poder público debe profesar la religión católica e inspirar en ella sus leyes y fines de acción o, por el contrario, debe adoptar una posición que oscila entre la neutralidad o la positiva hostilidad ante las materias religiosas.
  • Qué consideración jurídica debe recibir la Iglesia Católica y en que términos legales tiene que encauzarse el desarrollo de su actividad. Cuestión esta que, en buena medida depende de cómo se solucione la primera parte del problema aunque no deje por ello de ser conflictiva.
A la primera cuestión, la respuesta de la teología católica y de la práctica promovida por la Iglesia en las relaciones Iglesia-Estado sostiene que el Derecho y el Estado son sujeto capaz de una inspiración religiosa adecuada a su propia naturaleza. El Derecho positivo debe concretar un Derecho natural que se asienta en la suprema ley divina y el bien común que la autoridad civil reconoce como fin no es ajeno al destino sobrenatural del hombre sino que se debe ordenar a él.

Por el contrario, las ideologías dominantes en el mundo moderno parten de presupuestos muy distintos que pueden pasar por considerar a la religión como un asunto meramente privado o como algo que hay que eliminar para permitir el progreso del hombre.

Sentado este imprescindible marco teórico, podemos entender mejor lo específico de las persecuciones religiosas sufridas por la Iglesia en el ciclo del mundo contemporáneo que se inicia con la Revolución Francesa. Proceso que adquiere un carácter peculiar en el caso español que se deriva del protagonismo que la religión católica ha tenido en la creación, desarrollo, mantenimiento y crisis de nuestra identidad nacional.

Si es verdad que Europa fue en gran parte obra de la Iglesia y de la Religión Católica, en el caso de España tal obra fue determinante para su ser hasta el punto que desde que existe como entidad política diferenciada, se la encuentra vinculada a la tradición católica como parte constitutiva de su tradición política, plasmada en leyes, en instituciones, en formas de vida y de comportamiento. («La implantación de los Mandamientos de Cristo como ley para la vida social», en expresión de Elías de Tejada). De esta manera, España y los españoles se forjan y maduran en la lucha secular contra el Islam y el protestantismo; en la defensa y en la difusión de la fe católica.

Con la escisión filosófica de Occam, religiosa de Lutero y político-moral de Maquiavelo, Bodino y Hobbes; se produce en el resto de Europa la ruptura de la Cristiandad, culminada en la paz de Westfalia (1648). Mientras el mundo moderno se dispone a seguir el criterio de Locke y a configurar el orden socio-político a espaldas de la religión, España se mantenía en el camino que Europa había seguido hasta entonces y ahora abandonaba. Pero este panorama empieza a cambiar radicalmente a comienzos del siglo XIX.

Después de la guerra de la Independencia en la cual se combate por la religión, por la Patria y por el rey legítimo, el liberalismo naciente se impone en Cádiz y da origen una situación que hará del siglo XIX el siglo del laicismo al mismo tiempo que el siglo de una resistencia indomable de lo español ante la revolución que se pretendía imponer por la fuerza. Es el período que Menéndez Pelayo definió como de «dos siglos de incesante y sistemática labor para producir artificialmente la revolución aquí donde nunca podía ser orgánica»[1].

Durante este período hubo desamortizaciones, supresión de órdenes religiosas, exclaustraciones de frailes y monjas en despiadadas condiciones, destierros, prohibición de conferir órdenes o de publicar documentos, detenciones por simple motivo de «opinión», o asesinatos por el mismo «motivo», a veces asesinatos en masa, como los de religiosos en Madrid, Barcelona y otras ciudades en 1834 y 35...

Pero lo ocurrido se entiende mal, si junto al avance del proceso revolucionario silenciamos, como hace la manualística historiográfica al uso, la resistencia manifestada en la guerra contra la Convención de 1793, especialmente en Cataluña y Navarra, y también la de la Independencia a partir de 1808, por todo el territorio nacional. En estas dos guerras España combatió las ideas de la revolución francesa en sus dos fases la jacobina y la napoleónica, ambas radicalmente descristianizadoras. Igualmente ha de situarse en ese contexto la guerra realista durante el trienio liberal, una de las que presenta de modo más puro el móvil religioso como ha demostrado acertadamente Rafael Gambra[2]. En la misma estela se sitúan las guerras carlistas y la de 1936, aunque todos estos conflictos también se hicieran presentes otros significados[3].

Los amantes de la libertad hicieron sufrir mucho a la Iglesia pero, probablemente, el daño mayor se produjo cuando el secularismo, agresivo y triunfante desde los orígenes del liberalismo, consiguió alcanzar un modus vivendi con la Iglesia al lograr un reconocimiento de la Jerarquía a cambio del Concordato de 1851. Es verdad que este acuerdo permitió a la Iglesia restaurar en alguna medida su labor pastoral pero pagando el alto coste moral de la vinculación al Estado liberal y en un escenario de proliferación de sectas, libertad de propaganda para el más corrosivo laicismo y progresiva descristianización contra la que podía muy poco la buena voluntad de beneméritos eclesiásticos, muchos de ellos fundadores e impulsores de nuevas órdenes religiosas masculinas y femeninas. Una vez más se reprodujo la situación que denunciaba Ramón Nocedal:

«No, ni el mundo en general, ni España especialmente se pierden sólo por culpa del liberalismo; se pierden también, y muy principalmente, por culpa de los que abandonan la lucha, y entienden que cumpliendo sus obligaciones particulares ya pueden dejar que azoten a Cristo y crucifiquen a la Patria, y aún ayudar a los sayones, o al menos guardarles la ropa, por un pedazo de pan o por no reñir con nadie»[4].

Pese a todo, para el radicalismo liberal y el obrerismo revolucionario aquella situación era un clericalismo en el que la Iglesia debería sucumbir entre las ruinas del Estado y la sociedad. Por eso Vicente Palacio Atard habla de una doble cuna del laicismo en España: «la raíz intelectual, fruto del subjetivismo liberal y del positivismo científico, considera a la Iglesia enemiga del progreso; y la raíz popular, con una enorme fuerza pasional, descarga sus emociones en un enconado odio a la Iglesia»[5].

A lo largo de este tiempo, la Jerarquía española y aún la Santa Sede no eludieron su opinión sobre esta situación que denunciaron con claridad, haciendo notar también las causas internas de la crisis analizando los fallos del catolicismo español y sugiriendo posibles remedios. De estos aspectos, creo importante resaltar un aspecto que, por ser constante en años posteriores, ilustra y facilita la comprensión de posturas y hechos: la crítica al laicismo de Estado entendido como separación hostil y rechazo de la herencia espiritual y católica de España. Esta crítica estará presente en todos los pronunciamientos públicos de la Iglesia española, en las manifestaciones de la Santa Sede y en la línea de actuación de los comportamientos inspirados en el catolicismo.

2. Si este panorama describe de alguna manera lo ocurrido durante el siglo XIX y el primer tercio del XX; la situación se hará especialmente dramática cuando nuestra nación conoció a mediados de los años treinta un proceso revolucionario del que formaba parte inseparable una sangrienta. Del total de los casi siete mil (6.832) eclesiásticos asesinados –obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas- más de cinco mil lo fueron en los meses de julio a diciembre de 1936, a los que hay que añadir los miles de laicos, también sacrificados por razón de su fe.

No entro en el análisis de las manifestaciones de la persecución religiosa durante la Segunda República y la Guerra Civil por las limitaciones que nos impone el tiempo y porque las considero bien conocidas del auditorio. He preferido exponer por eso con más detalle las vicisitudes de nuestro en tantas cosas ignorado siglo XIX.

En todo caso, de toda esta trayectoria histórica podemos deducir las siguientes

Conclusiones:

1ª) El factor religioso, constituye uno de los elementos sustanciales de los enfrentamientos que se han producido en España durante los siglos XIX y XX. La íntima relación religión-sociedad no es algo impuesto artificialmente sino hondamente radicado en la entraña de cualquier comunidad el intento de provocar la ruptura, de desarraigar lo religioso será siempre un fenómeno conflictivo en todos los lugares donde la revolución moderna pretenda aplicar sus criterios y necesariamente desestabilizador y traumático en aquellas ocasiones en que logre alcanzar su objetivo. La historia española ha estado atravesada en los siglos XIX y XX por esta importante fuente de inestabilidad y desequilibrio.

2ª) En varios momentos históricos como la revolución liberal y la segunda República la situación de hecho de la Iglesia y los católicos fue de acoso y persecución abierta, situación que algunos sectores justificaban por considerarla necesaria para la renovación de España porque atribuían a la Iglesia ser una de las principales causas de los males de la sociedad española. En algunos partidos, casi era convicción obligada, debido a sus propios presupuestos ideológicos en los que la religión constituía un elemento alienante que había que destruir.

3ª) La experiencia demuestra que la respuesta al laicismo agresivo, nunca será eficaz desde la propuesta de una presunta autonomía de las realidades temporales, de la separación Iglesia-Estado, o de la presunta neutralidad de este último.

Los principios de la Doctrina Católica y el Reinado Social de Jesucristo son la única referencia capaz de asentar sobre bases sólidas la verdadera política que busca el bien común, mucho más allá de las visiones parciales propuestas por ideologías como el socialismo o el liberalismo.

La única alternativa posible a la persecución religiosa es la re-cristianización que pasa por el reconocimiento de lo que el pensamiento tradicional español llama ortodoxia pública, es decir, el establecimiento de un régimen político «que afirma un contenido de principios, verdades o valores de carácter superior e inmutable como base de su convivencia moral y de sus leyes»[6].

Se trataría así de poner en práctica el atractivo programa que se describe con estas palabras en la Sagrada Escritura:

«Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por nuestro pueblo y por el Lugar Santo» (1 Mac 3, 43).

_______________________
[1] Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Madrid: BAC, 1967, p. 1038.
[2] Cfr. Rafael Gambra, La primera guerra civil de España (1821-1823), historia y meditación de una lucha olvidada, Buenos Aires: Ediciones Nueva Hispanidad, 2006.
[3] Miguel Ayuso, Las murallas de la ciudad, Buenos Aires: Ediciones Nueva Hispanidad, 2001, p. 117.
[4] Cit.por: Jaime de Carlos Gómez-Rodulfo, Antología de Ramón Nocedal y Romea, Madrid: Editorial Tradicionalista, 1952, p.27.
[5] Vicente Palacio Atard, Cinco historias de la República y de la Guerra, Madrid: Editora Nacional, Madrid, 1973, p. 41.
[6] Rafael Gambra, Tradición o Mimetismo, Madrid: IEP, 1976, p.94.

   A continuación intervino don José Javier Esparza, que con su brillante oratoria, señaló la dependencia que la universidad tiene con la iglesia católica, y lo inconcebible del estado actual de las cosas. Le tocó el último turno a don José Miguel Gambra, quien puso el broche de oro a la mesa redonda. Publicamos su intervención, que también se puede encontrar en el blog del Círculo Cultural Antonio Molle Lazo:
Agradezco a FORO su invitación para hablar en esta ocasión, felicito a D. Javier Esparza y a D. Ángel David Martín Rubio, por su brillante intervención, y doy las gracias a la Dra. Martínez-Sicluna, que me ha introducido como miembro de esta Universidad. Sin embargo, aunque estoy unido a ella desde hace treinta y tantos años como profesor, prefiero no presentarme de esa manera, sino como presidente del Círculo de Estudios Tradicionalistas Antonio Molle Lazo. Y no me quiero presentar como profesor de esta casa, porque los actos sacrílegos en ella realizados enturbian tanto el prestigio de esta que fue venerable institución, que pertenecer a ella ya no es para mí un honor. La totalidad de los méritos acumulados, durante más de quinientos años, por los sabios que han pertenecido a la Complutense no basta para enjugar la afrenta cometida en Somosaguas contra Nuestro Señor.

Dirán ustedes, sin duda, que esta apreciación es en extremo injusta, pues la Universidad Complutense no puede responsabilizarse de los desmanes cometidos por sus alumnos. No es así. Para convencerse basta ver las reacciones oficiales de sus autoridades: los actos sólo fueron condenados de manera formularia, las autores no han sido expedientados y las asociaciones que los han perpetrado no han sido ilegalizadas. Al contrario, se les han concedido los locales del centro de Madrid para que desde allí irradien su anticatolicismo a toda la ciudad convocando la procesión atea proyectada para el Jueves Santo.

Esta respuesta de las autoridades da la impresión de una cierta anuencia a las profanaciones y, si miramos antes y alrededor de esos incalificables actos, esa impresión se reafirma.

La legislación democratizante de tiempos recientes permite formar asociaciones estudiantiles y concede una importante representación de alumnos en los órganos de gobierno. Al principio, en la época de decadencia del marxismo tras el desfondamiento de la Unión Soviética, las asociaciones eran más o menos inocuas y había escasísima participación del alumnado en muchos órganos rectores. En los últimos años, el neomarxismo, que toma las formas de antiglobalización, de feminismo, de sexualismo antinatural o de movimientos antisistema, ha aprovechado esas facilidades para constituir asociaciones que, a su vez, han copado buena parte de la representación estudiantil en los órganos universitarios, la mayoría de las veces con un apoyo ridículo por parte del alumnado. La masiva abstención de los alumnos en las elecciones a representantes ha sido descaradamente utilizada por esas asociaciones para ocupar toda la representación en los órganos de gobierno, con un apoyo que, a veces, no supera el 5% y puede ser del 2% de los alumnos.

El poder de esas asociaciones ha crecido hasta el punto de ejercer una verdadera tiranía en algunas facultades; tiranía que está en proporción directa a la presencia de autoridades académicas de similar ideología. En Políticas, cuyo decano ha defendido el sacrílego asalto a la capilla como «expresión de pluralidad de tendencias», el desorden ha llegado a ser tal, que, hace unos días se han suspendido actos ya concedidos, porque podían no gustar a las asociaciones y porque el decano se ha sentido incapaz de asegurar que se desarrollen con normalidad. Y, durante el mandato del rector Berzosa, se ha extendido a toda la universidad la anarquía que ha convertido políticas en un verdadero zoco impresentable.

Así, en muchas facultades, so pretexto de libertad de expresión, se han hecho común el insulto más descarado a la religión y a las cosas más sagradas, sin que las autoridades hayan querido poner coto a ello, sea por temor sea por convencimiento. Los mismos órganos del rectorado han desoído sistemáticamente las denuncias que algunos hemos presentado, durante todos estos años, contra la práctica de poner carteles insultantes para la Iglesia y la religión. En cambio, cualquier denuncia por parte del feminismo radical ha sido presurosamente atendida, por lo menos en lo que yo he podido conocer.

A nadie se le escapa que, a un nivel más alto del poder, la era Berzosa ha coincidido con la era Zapatero. La poderosa mente de estadista que posee Zapatero le ha llevado a proponerse como programa de gobierno demostrar que es tan rojo como su abuelito. Por eso ha roto con todos los pactos implícitos alrededor de la Constitución y se ha dedicado, con especial encono, no sólo a promulgar leyes contra la moral católica, como sus predecesores, sino a perseguir directamente a la Iglesia y a promocionar la cultura de la blasfemia. Cabe incluso conjeturar que el año de plazo que le queda antes de dejar el Gobierno lo dedique a completar ese programa, de manera que posiblemente la persecución arrecie en los próximos meses.

¡No! Los profanadores de Somosaguas y sus corifeos no son enfermos psiquiátricos, como han dicho algunos medios de comunicación. Los actos de las personajas que asaltaron la capilla no son sino la puesta en práctica de lo que les ha sido transmitido por el ambiente sostenido o tolerado muchas autoridades académicas y de lo que les ha transmitido la cultura subvencionada, y los medios de comunicación oficiales. Se trata de avanzadillas de jóvenes marxistas, similares a las que, so pretexto de libertad, se adueñaron de la Universidad al final del régimen anterior, y que ahora, so pretexto de que la Universidad sea pública, ya no defienden libertad alguna, sino que ejercen una auténtica dictadura popular que quiere expulsar de la universidad cuanto no coincida con sus presupuestos ideológicos, y especialmente a los católicos. Antes, por lo menos estaban rodeados del halo estético de quienes se oponen al poder, hoy no son más que serviles sicarios del poder político, que en los actuales sistemas bipartidistas –no nos engañemos– deja a las izquierdas el gobierno de las mentes con tal de que éstas dejen al centro el poder económico. Es de suponer que el nuevo rector vestirá de uniforme y gorra de plato a estos sicarios y que los veremos paseándose por la Universidad y vigilando las actividades contrarias a los ucases rectorales.

Los actos de Somosaguas se ha dicho que son teatrales, simbólicos y sin violencia. Pero tales actos, más o menos intelectualoides, son síntoma de lo que se avecina. En los Madriles del Trienio Liberal, los cafés y ateneos estaban poblados de jovenzanos exaltados que adoptaban actitudes declamatorias entre bufas y blasfemas, con aplauso de las sociedades secretas que, de hecho, gobernaban el país. Pocos años después, en 1834, cuando ese ambiente penetró más allá de las élites intelectuales, la bufonada sacrílega se convirtió en matanza y despedazamiento de frailes, y en profanación y destrucción de iglesias, ante los cuales Martínez de la Rosa –un centrista de entonces– se lavó las manos y se limitó a lamentar lo ocurrido.

Los eclesiásticos, ante hechos de esta clase, empiezan, no sin razón, a poner sus barbas en remojo y echan de menos unas potentes ayudas que no les llegan de parte alguna. Sólo algunas instituciones de escasos medios y algunas personas aisladas les han prestado apoyo en esta tesitura, que probablemente se extenderá como un reguero de pólvora.

Su debilidad se ha visto propiciada por unos errores que vienen de lejos. Las autoridades eclesiásticas apostaron decididamente por la democracia en la Transición y usaron de una autoridad, que no tenían, para exigir de los fieles que no formaran partidos ni grupos políticos católicos y que se conformaran con inspirar desde dentro los partidos laicos existentes. Y eso no fue sólo una tendencia de los eclesiásticos españoles, sino que venía de más arriba. Baste pensar que la legislación eclesiástica ha incluido la obligación a priori de pedir permiso a los ordinarios, o la autoridad eclesiástica competente, para que cualquier asociación pueda hacer uso del nombre de católicos. Y como ese permiso, de facto, no se concede sino a los demócrata-cristianos, el resultado es que hoy no hay partido fuerte alguno que defienda a la Iglesia, y los eclesiásticos andan tan desamparados en la selva política como niños perdidos en un bosque.

Agradecidos por la ayuda de los eclesiásticos, los partidos políticos de uno y otro signo, durante bastantes años, no acosaron para nada a la Iglesia. Las izquierdas, incluidas las más extremas, en parte por la propia decadencia mundial de esa ideología y, en parte, por lo asombrados que debían de estar ante la actitud de los jerarcas eclesiásticos, convivieron en relativa paz con ellos. Pero, desde Zapatero, el ensalmo se ha roto y, desparecida la tácita connivencia entre los eclesiásticos y el estado constitucional, el peligro anticristiano que este conlleva en esencia, ha aparecido con toda su crueldad.

Ante semejante situación cualquiera se preguntará ¿por qué no cambia de estrategia la Iglesia? Lo que pasa es que no se trata de una estrategia momentánea, sino de la aplicación de la absurda teoría del estado laico-cristiano, que es una opinión utópica, irrealizada e irrealizable, ajena a la tradición católica, que afecta a asuntos políticos en los cuales la jerarquía eclesiástica no tiene especial autoridad.

En la literatura generada por los acontecimientos de Somosaguas, se ha llamado repetidamente cobardes a sus autores, porque no se atreven a hacer con las mezquitas musulmanas lo mismo que con los templos católicos. Implícitamente se supone que los católicos no se van a defender. Verdad es que la religión católica dista mucho de la crueldad mahometana, lo cual no quita que el catolicismo español siempre haya sabido defender su religión, ya desde tiempos de la invasión musulmana hasta épocas más recientes. De hecho, la persecución a la Iglesia ha sido el principal acicate de muchas de las contiendas de los últimos siglos, desde la Guerra de la Convención a la Guerra del 36, pasando por las de la independencia y las guerras carlistas.

Siguiendo el ejemplo de sus mayores, el catolicismo español, por amor a Dios y a la Iglesia, tiene que recuperar la influencia política que por su número le corresponde. Y, por paradójico que parezca, tiene que empezar por abandonar el clericalismo que le tiene paralizado. Es de toda evidencia que no bastan denuncias, recogidas de firmas y manifestaciones. Es de vital urgencia que los católicos hallen la vía de asociarse, con o sin el beneplácito de las autoridades eclesiásticas, porque la función de éstas no es organizar la sociedad civil, sino transmitir la doctrina social, en consonancia con la tradición, señalar el error e intervenir en lo que afecte a asuntos espirituales.

Hay que adherirse a las organizaciones y partidos que defienden la integridad de la tradicional doctrina social de la Iglesia, con el fin de evitar en nuestro país la barbarie anticatólica que empieza a aflorar, y cuyas imprevisibles consecuencias pueden ser de la mayor gravedad. La incapacidad de los eclesiásticos no nos exonera de la obligación de defender a Dios. Hay que romper con el voto cautivo de los católicos y restar apoyo a los partidos que se reparten el poder. Dentro de la legalidad humana vigente, ése es el único camino efectivo.

Pero, si la ley humana falla y esto sigue así, los católicos deberemos hacer cuanto permita la ley de Dios en defensa de Nuestro Señor y de la Iglesia, empezando por acudir a la procesión blasfema de Jueves Santo, por ponerse delante y, luego, pues ¡a ver qué pasa! Lo exige nuestra fe, lo exige nuestro amor a España y lo exige el honor mismo que merece Dios.
Al final del acto, se leyó, como ya hemos dicho, nuestro comunicado ante el asalto a las capillas de la UCM:

FORO, asociación de estudiantes de la Facultad de Derecho, CONDENA con la mayor dureza las agresiones blasfemas y sacrílegas de la capilla de Somosaguas y de la Facultad de Historia.

CONDENA los carteles insultantes y vejatorios que constantemente son colocados en muchas facultades y, de manera general, la ola de irreverencia anticatólica tolerada en nuestra sociedad.

CONDENA las asociaciones de supuestos estudiantes que, además de entorpecer la vida académica con su activismo político de ínfima categoría, se dedican, en los últimos tiempos, a hostigar a los católicos y los lugares de culto existentes en la universidad.

CONDENA la tolerancia de las autoridades académicas que permiten, cuando no fomentan,  toda clase de ofensas contra el catolicismo, sea en forma de carteles, sea en forma de ridículas caceroladas y de mítines demagógicos, por completo ajenos al tono propio de la universidad, todo lo cual perturba el orden académico, destruyendo  la convivencia y el ambiente necesarios para el estudio y la transmisión del saber, que es el fin propio de la Universidad.

Por tanto, EXIGE de las autoridades universitarias que los autores de los actos sacrílegos sean expedientados y expulsados de la universidad, que las asociaciones explícitamente responsables de esos actos sean ilegalizadas y que, en lo sucesivo, cuide de mantener en todos los terrenos el respeto y el orden necesarios en toda sociedad y más aún en la universidad dada la elevación de sus metas.

En fin, FORO se permite observar que los actos sacrílegos cometidos en esta universidad, causados tanto por los grupos de extrema izquierda enquistados en ella, como por la lenidad de los jerarcas de la universidad, ha encendido de nuevo en nuestra Patria la mecha de la persecución anticlerical y anticatólica, que a lo largo de los últimos siglos  siempre ha conducido a los más dolorosos enfrentamientos y guerras.

Por ello, FORO hace también un llamamiento a toda la sociedad española, mayoritariamente católica, para que cumpla con su deber de defender la libertad de la Iglesia y emplee en su apoyo cuantos medios permita la ley de Dios.